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Ser hombre y no gustar el fútbol, ¿es un problema?

11 de julio de 2026Carlos Mendoza2 min

Las conversaciones sobre fútbol son omnipresentes: en reuniones familiares, con amigos o en el trabajo. Las discusiones sobre el último partido de la selección nacional o el fallo en un penalti importante son difíciles de evitar. Durante eventos como la Copa del Mundo, quienes no sienten pasión por este deporte pueden llegar a sentirse marginados. Esta sensación, en el caso de los hombres, puede manifestarse desde una edad temprana.

En una confesión personal, alguien relató cómo solía robar pósteres de su hermano para simular un interés que no sentía, evidenciando la presión por encajar en la norma masculina que a menudo asocia el fútbol con la masculinidad.

Esta situación plantea una pregunta fundamental: ¿qué tan grave es para un hombre no ser aficionado al fútbol? ¿Se trata de una cuestión de identidad de género o de simples preferencias personales? A menudo, la sociedad tiende a encasillar ciertos intereses como "masculinos" o "femeninos", y el fútbol, en muchas culturas, se ha consolidado como un pilar de la identidad masculina.

Los niños que crecen sin un interés innato por el fútbol pueden sentirse diferentes, incluso "menos hombres", al ver que sus compañeros, familiares y modelos a seguir masculinos comparten esta pasión de forma tan intensa. Las expectativas sociales pueden ser abrumadoras, llevando a algunos a intentar fingir un entusiasmo que no sienten, como en el ejemplo mencionado, para evitar el juicio o la exclusión.

Sin embargo, es crucial desmantelar la idea de que el gusto por el fútbol es un requisito para la masculinidad. La verdadera autenticidad radica en permitir que cada individuo, independientemente de su género, explore y disfrute de sus propias pasiones, sean estas el deporte, el arte, la ciencia, la lectura o cualquier otra actividad. La diversidad de intereses enriquece a la sociedad y permite que cada persona se desarrolle de manera genuina y plena.